Por Rodolfo Abularach, Nueva York, 6 de noviembre de 1991

Para mi el arte es una forma de conocimiento individual. Me inspiro tanto en el pasado arcaico como en el caos del presente. Me interesan los temas universales, fundamentalmente humanos. 

 

Desde la segunda mitad de 1976 volví nuevamente a experimentar con diversos materiales y métodos de trabajo, al mismo tiempo que continuaba pintando y grabando la imagen del ojo. 

Decidí pintar sin preconceptos ni preparaciones técnicas, manipulando los materiales libremente y dejando que las obras se fueran realizando a través de un proceso dinámico. Traté de liberarme de ataduras conceptuales o de identificadores formales impidiendo hasta donde fuera posible la intervención del pensamiento, de la memoria y dándole vuelo a la imaginación creadora sin tener idea alguna del resultado final. 

En estas obras hay afinidad con el paisaje, no como copia fiel de las apariencias, sino más bien con sus ritmos internos y asociaciones sensibles. Se trata de encuentros íntimos con la naturaleza. La ambigüedad de las formas en estos paisajes contribuyen a crear una atmósfera mágica, tal vez porque se pueden descubrir extrañas figuras y rostros entrelazados en los brochazos y las texturas. 

En algunos casos aproveché la materia rugosa de cuadros anteriores trabajados densamente con espátula o pincel, consiguiendo así efectos muy sugerentes, diferentes a los cuadros matéricos que trabajé entre 1959 y 1961. Algunas de estas obras han sido elaboradas intencionalmente en detalle. 

Desde esa época y ahora especialmente, sigo investigando las posibilidades expresivas de la figura, logrando soluciones plásticas. 

En los últimos años he estado pintando la luminosidad y los contrastes dramáticos del elemento fuego, inspirándome en el “infierno”de Dante, en “Xibalba” (infierno de los Quichés) de las historias del Popol Buj, en la fuerza ígnea de las erupciones volcánicas, en la destrucción ecológica y en las guerras: en otras palabras en el Apocalipsis. 

Me interesa todo lo que afecta a nuestro mundo, hay demasiadas máquinas y se nos olvida el aspecto humano. Siento que es necesario volver a lo esencial, a la naturaleza, es necesaria la renovación. Nos hemos deshumanizado demasiado.

El objeto artístico se ha convertido en una comodidad económica. Se aplaude la repetición, las banalidades, los balbuceos infantiles. Se producen innumerables objetos superficiales, se hace un arte que ha perdido su sentido profundo y transcendente.

El arte es uno de los pocos rincones que le quedan al ser humano para afirmar su libertad. La libertad no es estática ni acomodativa, por el contrario requiere riesgo y valentía. Se realiza dentro de una transformación constante. 

Para ser verdaderamente creativo se deben romper tanto las cadenas internas como las externas. Solamente así, es posible transitar en el camino de la libertad creadora. 

“Solitarios, desencajados de marco y de ambiente, algunos artistas merecen muy visiblemente la atención del público: Genovés, de España, por establecer una línea intermedia entre el falso tremendísimo de Millarés y gestualismo también desorbitado de Saura, y los refinamientos ópticos europeos; preservando la imagen y articulado bien una idea literaria de la soledad del hombre, son su exacto soporte plástico. Abularach, de Guatemala, por continuar con una insistencia alucinante su línea original de inmensos enfoques del ojo humano, de la pupila dilatada y fija llevada a categoría de grande, desprendido y conmovedor objeto…”

Marta Traba. Bienal Coltejer. Colombia 1969.

“Rodolfo Abularach ha logrado una versión inédita y distante de los dictados de Vasarely aplicando ciertas constantes ópticas a la esencia misma de este concepto. Si la óptica viene del ojo , sólo pintó ojos, durante un largo período, en centenares de interpretaciones. En más de una ocasión me ha ratificado, en Nueva York, su identidad con la omnipresencia de la visión maya del cosmos. A partir de 1986, Abularach ha iniciado nuevas exploraciones, desde muy distintos conceptos, pero siempre en su empeño por expresar el mundo cósmico maya con lenguaje de nuestros días. Fruto de esta renovación son sus recientes obras Inferno, cielo y tierra y Luz primera, que aluden, consciente o inconscientemente, a la creación del mundo según el Popol Vuh. Hay en ellas representación del magma y desintegración de la materia en un mundo ígneo. Extrañas referencias a caras, pescados, seres informes, muestran una representación de cierto barroquismo muy americano, inaparente en la anterior etapa de los ojos multiformes, de serenas líneas. El mencionado barroquismo aparece en la penetración de la luz en el espacio que lo asocia con el admirable anacronismo del Transparente de Narciso Tomé en la Catedral de Toledo. La combinación, en cielo y tierra de selva y cielo recuerdan, sin referencia directa, al paisaje del lago Atitlán de su bella Guatemala.

Historia del Arte Iberoamericano

Leopoldo Castedo

Editorial Andrés Bello

Madrid, España 1988

RODOLFO ABULARACH Y LA NOCIÓN DE LA DESMESURA

Washington, D.C. Septiembre 1993

Bélgica Rodríguez 

Una de las constantes en la pintura de Rodolfo Abularach, artista de Guatemala, ha sido la noción de la desmesura. Esta noción está intrínsecamente ligada a los valores plásticos de sí mismos, asó como también al contenido temático y significativo de la obra. De hecho la desmesura se presenta en su trabajo como un valor formal aparte de los tradicionalmente conocidos, planteándolo visualmente como una revalorización de los vanguardias y de las regencias a una biografía personal. En este sentido es imposible no comenzar recordando sus famosas pinturas con la única imagen agigantada del ojo humano, que lo hicieron internacionalmente conocido. Aquí ya Abularach planteaba la fuerza explosiva del tema en variaciones infinitas, y en las cuales se multiplican las transformaciones de un movimiento visual incesante. 

La última serie de pinturas trata de una temática en la que no hay paz, pero tampoco hay guerra. volcanes en erupción, infiernos, purgatorios, nubes de noches de terror, muestran una fascinación  por la violencia de la naturaleza real y figurada, la que el hombre ha aprendido a aceptar en su paso por la vida. La amplificación de las imágenes llega a limites extraordinarios, caracterizando más profundamente la obra del artista, como paráfrasis de la naturaleza, pero no de su apariencia superficial, sinó de su espíritu y esencia más profunda. Es la lucha del artista con su universo. Volcanes apocalípticos que muestran un acontecimiento, como respuesta visible a la técnica utilizada, al dominio de los recursos expresivos, y a las posibilidades creadoras del artista. 

En esta nueva serie de grandes pinturas, es evidente una continuidad de discurso de la vanguardia que asienta en el tema, más que en los cambios formales. Ahora el artista ha tomado otro camino. Otra etapa en su desarrollo artístico se ha iniciado, más que nunca aquellas constantes formales que le han caracterizado se han hecho más presentes. No ha habido interrupciones, sinó el gran salto que ha implicado asumir un nuevo reto y correr otro riesgo. Salir del ojo para entrar en naturaleza esencial, demuestra que Abularach está en su tiempo. La nueva temática es una atrevida metáfora visual de la violencia de la naturaleza, ellos son imágenes conmovedoras que promulgan la autonomía de misteriosas fuerzas irresistibles que parecen desprenderse de lo más profundo de la pintura para comenzar a habitar el espíritu de espectador. 

En una colosal y magnífica composición, se yerguen las formas de las montañas, se abren los ríos, se muestran los infiernos. El artista toma el tema del paisaje con una fuerza inusitada, extrayendo de él lo más esencial de su carácter expresivo. En esta esencialidad, el exterior y el interior de las formas y significados  se interpenetran. No hay signos, pero si jirones de llamas, de seres humanos, que han sido transformados en imágenes plásticas gracias a la fuerza de la pincelada, del brochazo, del gesto de violencia contenida. Las telas son estructuras pictóricas bien organizadas por el juego de las luces y las sombras, aquella que emerge de una manera simbólica desde dentro de la obra. Por medio del tratamiento de la luz y la sombra, Abularach transfigura una cos a por otra, creando un orden telúrico y un orden cósmico, que pertenece a una historia a ser imaginada por el espectador a partir de las imágenes localizadas enfáticamente en el espacio de la representación. Formas en flamígeras, en chisporroteante movimiento, expresan una violencia y misterio. 

Abularach hace una reflexión abstracta del significado de su tema figurativo, convirtiéndolo en un acontecimiento plástico, lo que es al fin y al cabo la verdadera pintura. Al prolongar ilusoriamente el espacio pictórico hacia el interior de sí mismo por medio de un lenguaje prácticamente no figurativo, el repertorio de formas se acerca más a los dos niveles de la realidad, el temporal y el eterno. No se trata de componer signos, sino de estructurar progresivamente el espacio en articulaciones simbólicas que están dadas por el uso del color y de la forma. Ellas están dotadas de un carácter táctil-visual que se relacionan con el que mira ene l nivel de la memoria y de la conciencia. Todo espectador sabe de qué se trata cuando se le ofrece un tema como un volcán, el infierno, etc., solo que es vez intuye que lo que mira es más que una realidad aparente. El artista sabe lo que busca. 

“Abularach es un dibujante magistral.”

“Con una habilidad meticulosa y exigente, Abularach crea efectos de aterciopelada negrura, que tira suavemente a la claridad, de la cual emergen pájaros, figuras y animales misteriosos. 

Los temas provienen de la gran mitología Maya y tratan de figuras zoomórficas y dioses de las antiguas leyendas Mayas.”

Leslie Judd Ahlander. Washington. 1959

“El interés de Abularach va hacia el segundo aspecto de las formas de que habla Chirico. La belleza y la fuerza de sus dibujos conduce al observador dentro de un mundo a veces abrumador, y que sin embargo es en todos sus aspectos parte de la experiencia cotidiana. Aunque tienen raíces en las formas naturales, sus símbolos sombreados están suspendidos en el espacio encima del sonido y del tiempo, en un movimiento equilibrado hasta llegar a la quitetud completa.”

“La delicada tensión del universo de Abularach es definida casi totalmente por la luz.”

“Abularach no olvida las predicciones del mundo inmediatamente reconocible. Revela lo que éstas nos esconden. Cada uno de sus dibujos representa un momento de verdadera clarividencia.”

Paula Dunaway Schwartz, Nueva York. 1961.

“Rodolfo Abularach, es notable por su alcance e independencia en un manejo infinitamente refinado del dibujo con tinta.”

“La Intención primordial radica -así nos parece- en la revelación mística de la luz, espacio y la quietud, logro creativo evidente en el que surge un juego de sutiles formas. Nos maravilla la maestría con que se obtiene, con tan sólo pluma y tinta, un resultado tan imponente y bello sin caer en una vanidad de detalle.”

Carlyle Burrows. Nueva York. 1961

“Abularach no está colocado dentro de las tendencias actuales de la pintura “automática” que atraen tanto a jóvenes artistas de nuestra época. Por el contrario, su obra posee un equilibrio perfecto de elementos disímiles y se mantiene dentro de una estética abstracta, pero en asociaciones de tipo tan complejo que bien podrían ser consideradas figurativas. Pero es que Abularach se preocupa por esa segunda realidad que dio base a las mejores obras de Giorgio de Chirico.”

Revista Visión, Nueva York. 1961

“Alejado del tormento y el desgarre, Abularach constriñe el pensamiento en la meditación modesta de una religiosidad metódica. No le es extraño el sufrimiento existencial, ni la parodia extrema, pero prefiere reconquistar la calma. Su dibujo al parecer abstracto, nunca pierde su ligazón orgánica y los símbolos que utiliza son altamente figurativos. Morfología de paz en las tinieblas.”

“Su arte tiene mucho de la vivencia neoyorquina, florecida en el recuerdo de su partía. Sus dibujos-pinturas son del Sol y de la Luna, donde surgen aspas, lenguas y organismos diminutos, agrandados en el microscopio de una visión cósmica. El círculo -periferia de la vida- se encuentra en la mayor parte de su obra y flota Engel tejido sutilísimo de las líneas.”

“Para llegar a tal estado de depuración formal, Abularach se ha desgarrado poco a poco la piel de las angustias, al entregarnos un mundo de asociaciones silentes. Quietud y sordera de su recogimiento lejano. La filosofía de su obra no es mística ni violenta. Es una rueda que toca los extremos pero que siempre gira. La calma impera en el principio de la luz.”

“Su arte de recogimiento silente, de símbolos y magia, de polos blanco y negro, va más allá del principio puramente relicario. Su fuerza de luz generadora, da lugar al nacimiento intuitivo y prematuro de la paz. Lugar al que se llega con la simple pulcritud de un papel blanco y una pluma. La técnica diminuta del artista, es un homenaje en telaraña minuciosa de libertad creadora.”

Roberto Cabrera. El Imparcial. Guatemala, 1965

“Si se esta dispuesto a apreciar la línea como revelación y presencia, este signo es en Rodolfo Abularach ponderado, intelectual, abierto a la nueva sensibilidad que recogen las últimas tendencias artísticas.”

“En la contraposición del blanco y el negro que modulan efectos sutilmente degradados, en ella limpia ejecución y la simplicidad límite, vive un trasfondo que puede considerarse místico, con imágenes bien meditadas donde la espontaneidad ha sido domada y retenida en beneficio de la sutileza y el misterio. Rodolfo Abularach pertenece a la joven generación de pintores que coloca el arte latinoamericano en franco proceso ascensional.”

El Espectador, Colombia 1966

“…la vida artística de Rodolfo Abularach resulta extensa en obras y merecimientos. Es un digno representante de la joven pintura del continente y un ejemplo de dinamismo y capacidad creadora de “America Latina”.

El Tiempo, Bogotá. 1966

“Abularach no pinta nada más que ojos, ojos de impresión magnética, azul-axial, brillantes, transparentes, ojos Samurai, meditativos; de Marte, Omega, Mandala, Fríos, acuosos, con una expresión dura en su soledad (la mayoría de las veces pinta un solo ojo en cada cuadro), y sin embargo no aparecen motivos abstractos, sino conservan por la omisión de todo surrealismo, una naturalidad humana. La seguridad de composición de Abularach, y sobre todo de sus diseños, hacen que la pupila adquiera, con su reflejo de luz, la fuerza de un centro magnético.”

Darmstadt. Galeria Buchhols. Alemania, 1969.

“He aquí un ojo de cíclope, redondo, desmesuradamente abierto; aquí un reluciente ojo humano, esférico y descubierto; hay ojos abiertos y ojos medio cerrados y por todas partes párpados prominentes, largas pestañas negras, envueltas en pliegues carnosos.”

“Sus dibujos deslumbran al observador por su delicadeza, parecen estar elaborados, literalmente, con pestañas.”

“Sus ojos, así como los de ustedes y los míos son cosas húmedas y pulposas, y todas sus superficies son redondas y blandas. Los ojos de Abularach son en cierta manera, más impresionantes que los nuestros porque cada uno de ellos existe en sí independientemente de cualquier rostro imaginable”

Paul Richards. Washington. 1969

“La característica especial de su estilo so los minuciosos rasgos del diseño, ya sea abstracto o figurativo, la repetición de líneas, delicadas, tenues, una al lado de otra, como en los antiguos grabados en cobre de los viejos libros.”

Antonio Molina. Puerto Rico, 1970.

Redon tambien viene a la memoria al observar la ocurrencia obsesiva de los formas oculares en el trabajo de Rodolfo Abularach quien ha vivido en la ciudad de Nueva York y Centro América desde 1960 (foto 119), le fueron otorgadas dos becas por laFundación Simon Guggenheim en 1959 y 1960, y trabajo con becas de la Unión Panamericana los años 1963 y 1964 y en el taller litográfico Tamarind en Los Angeles en 1966. En 1960 la obra de Abularach fue destacada en la presentación de un portafolio en el Arte en América titulado “Nuevo Talento en Estado Unidos”. Los artistas que fueron presentados por John Canaday, crístico de arte del New York Tomes, fueron seleccionados por un jurado que incluía a Dorothy C. Miller, Katherine Kuh, David Campbell, William S. Lieberman, Beaumont Newhall, y Henry Russell Hitchcock. Un año mas tarde, en 1961 su primera exposición individual en una galería de Nueva York llamó la atención de los críticos, quienes señalaron la meticulosidad en la realización de sus dibujos. Uno de ellos comentó que la preocupación del artista consistía en dramas de blancos luminosos luchando por emerger de la sombra de grises y negros… El esmero en la realización de sus obras transmite una intensa visión mística de orden cósmico.Nueve años más tarde, en su segunda exposición en Nueva York habían aparecido sus característicos iconos en forma de ojo. Se cita al artista diciendo que le interesaba el ojo porque a través de él uno puede ver el mundo y todo el drama humano, ya que todo es una extensión del cuerpo humano. El critico reconoce que mientras todos los dibujos comparten una necesaria similitud …cada uno tiene un misterio especial… y la preocupación del artista no es en lo obvio del tema, más bien la predicción y sensibilidad de este órgano. 

De hecho el ojo de Abularach es temáticamente cercano al trabajo de Redon. Redon también presentó imaginativos ojos/soles, y cabezas/flores. Los ojos de Abularach so al mismo tiempo coquetos y prohibidos.Con sus irises completos y sus pestañas voluptuosas, y esmerado detalle, los ojos son orificios que comprometen alternativamente un interés sexual y definen el espacio de la tela como una ventana proverbial hacia el espacio más allá del plano del cuadro. Mientras que Magritte llenaba ese espacio con otros mundos, Abularach lo deja indefinido. Y mientras Magritte transpone lo visto y los medios para ver, Abularach en cierta forma regresa el ojo a su estado primordial, función profiláctica, evocando la mirada fija terrible y fatal de las gorgonas o el ojo maligno del brujo. No sería exagerado al sugerir alguna relación subliminal entre sus ojos y el ex-voto o el milagro, el talismán ofrecido en agradecimiento por el logro de un milagro, el talismán ofrecido en agradecimiento por el logro de un milagro. Mientras que Abularach ha estado dedicado al estudio particularmente exhaustivo del ojo en las últimas dos décadas, su trabajo más reciente consiste en paisajes del cielo en los cuales las formas sugieren ojos y figuras que aparecen subliminalmente entre las nubes.

DEL CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN DE:

EL ESPÍRITU DE AMERICA LATINA – ARTE Y ARTISTAS EN LOS ESTADOS UNIDOS, 1920 – 1970. Museo del Arte del Bronx, Nueva York

Ensayo por Lowery S. Sims, curadora asociada de Arte del Siglo Veinte en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, “DADA EN NUEVA YORK Y SURREALISMO DEL NUEVO MUNDO”

In my view, Rodolfo Abularach, an internationally renowned Latin American artist, belongs in the pantheon of those emigres who have helped bring distinction to the collective tradition of 20-century Latin American art in the United States as well as in their homelands. In other words, he belongs to and has brought enduring originality and quality to both worlds through a work that is bound to live in time as one of the leading symbolists in, broadly speaking, American art. Having spent twenty years in the evolution and perfection of forms based upon the mystic implications of the human eye he has gradually moved into a space and scale of more cosmic reach recalling the expressionists abstractions of Clifford Still and San Francis but expressive of dynamic forces at the origins of elemental nature of enveloping, often ominous implications. A transformation of his art from the delicacy of fine-spun arabesque to the vertigo of cyclonic movement, recalling the tempest drawings of Leonardo, but on mural scale, seems not just in process but to have been accomplished by a kind of organic metamorphosis, now complete and ready for further development and growth. That he deeply feels ties  to his native Guatemala is a welcome sign of the sources of this new strength as well as of the potential influence of his presence and his work, contributes to the vitality of contemporary art in general. 

Stanton Caltin 

Professor Emeritus, Musuem Studies and Art History

Fayetteville, N.Y. 

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